Pensando en México

Maribel Mandarina

Ahora estoy triste y no puedo remediarlo. Estar triste me enoja; la tristeza no produce sino más tristeza, aunque debo reconocer que alguna vez me hizo sentir viva. Viva porque pensé morir, pero bien dicen que de amor nadie se muere, aunque de tristeza sí.
Se desea morir no por el mucho amor que le tengamos a alguien (y no hablo de algo), sino para acabar con la tristeza, la desolación, y sobre todo acabar con los recuerdos.
Los recuerdos vuelven a nuestra mente una y otra vez: antes pétalos de rosa, hoy espinas, seres humanos tan vulnerables... Pero ahora la tristeza no viene de un amor, sino viene de la historia.
Esa historia que se va formando con caras, lugares, fechas, los buenos y los malos. Hidalgo era bueno, Morelos también, Santana fue malo, Porfirio estuvo en los dos bandos y Juárez es orgullo nacional —por tanto entra a la categoría de bueno, aunque para algunos ser masón no es cualidad.
Entre buenos y malos, pero más bien sería entre reconocidos y olvidados, reconocidos sus rostros y olvidados los ideales. Ideales como la lucha que encabezaron los obreros para mejorar las condiciones de trabajo, y condiciones de trabajo que entierran 65 mineros.
¿Dónde quedaron los ideales de lucha? Los hermanos Flores Magón, presentes por doquier: colonias, calles, avenidas y ciudades; ciudades que deberían llamarse “Los Patrones se Obligan a Pagar Indemnizaciones por Accidentes Laborales”, y debieran tener la Av. Revolución bajo la leyenda “Ninguna libertad se gana sin esfuerzo, ni se conserva sin lucha”.
Lucha de héroes nacionales que van quedando en olvido, derechos obtenidos pero no conservados por la falta de valor, o el exceso de comodidad.
La comodidad no es tan cómoda, pero podemos aguantar mientras al cómodo colchón no se le salten los resortes. Los resortes son un impulso, por tanto procuramos deshacernos del colchón para evitarlos en medio de la comodidad. Comodidad deteriorada por el pasar de los años, y el colchón no aguanta más. No aguanta desde hace mucho, cuando se votó por Cuauhtémoc Cárdenas, y ganó, pero dimos vuelta al colchón y aguantó tres sexenios más.
Tres sexenios son 18 años: 18 años que hacen mayoría de edad, edad en la que ya se puede votar. ¿Votar? ¿Por quién? Estamos acorralados: ya no hay vuelta de colchón, atrás están los rostros y adelante los ideales. Ideal sería no pensar en comodidad y si en comunidad.
Comunidad enojada, indignada y desilusionada; desilusión es casi igual a tristeza, esa tristeza que siento por vivir tan cómoda.

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3 comentarios

  1. Anónimo // 1:49 p. m.  

    La política es un circo y de allí hemos obtenido a nuestros gobernantes, la falla tal vez sea la falta de variedad: si los payason no han funcionado ¿porqué no probar con equilibristas o malavaristas?
    OJO

  2. Anónimo // 7:04 a. m.  

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  3. Anónimo // 3:55 a. m.  

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